Por: Sonia Lozada
¡¡Venezuela...no
hay mejor país en el mundo!! Esa frase la escuché hace más de 30 años, de un
inmigrante portugués, que vino al país a buscar futuro luego de la Segunda
Guerra Mundial y encontró lo que él llamaba "el paraíso en la
tierra" ya que consideraba Venezuela, una tierra próspera, con muchos
recursos y con gente maravillosa que le abría los brazos a todo aquel que
viniera a trabajar por un futuro mejor. Recuerdo que decía, que lo que más le
impresionaba, era que en un autobús, viajaban personas de diversas clases
sociales, color, credo, cultura, oficios y trabajos distintos y la amabilidad y
el respeto se respiraban en el aire.
Por supuesto que
había conflictos. Con sólo ver las vicisitudes sorteadas para la creación de la CTV y otras centrales
obrero-patronales, los sindicatos en las empresas de ferromineras y petroleras,
el Coflicto Laboral existía, sin embargo, hoy día a tomado forma una nueva
clase de conflicto, basado en una mezcla de resentimiento social arraigado por el
Gobierno que desde hace 15 años ha capitalizado las diferencias sociales en su
propio beneficio con política exacerbada que ha penetrado los rincones más
recónditos de las empresas, de la familia, de la sociedad.
Es por ello que
debemos apoyar la resolución de conflictos pacífica y asertiva, que fomente un
diálogo basado en nuestros valores, nuestro gentilicio, que acabe con la viveza
y que apoye la teoría ganar-ganar, tanto para trabajadores como para empleadores. Con ello, no sólo habrá paz en el país, sino
que comenzaremos a prosperar económica, social y moralmente.
El gran reto de
los encargados de la Gestión Humana en el país es buscar el equilibrio en un
país dividido y convulsionado para crear un clima organizacional saludable.
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